¿Te acuerdas?

No hubo manera humana ni divina,

de explicar lo que sentí,

la primera vez que apareciste por la puerta,

de aquella cafetería en la que te conocí.

 

Recuerdo tu aspecto, esos vaqueros arañados,

ajustados pero lisos, tu chaqueta azul cielo,

tu pelo despeinado por el viento,

y los ojos del más puro berilo.

 

Pensé en mí por un momento,

qué hacía yo con esas pintas,

pero aún así me sonreíste y te sentaste,

destrozando mis esquemas al instante.

 

Empezamos a charlar y a contarnos cosas,

hasta el punto que creía hablar con una diosa,

pero decidiste igualarte a los humanos,

cuando una gota de café manchó tus labios.

 

Al principio no supe que decirte,

pero mi corazón me dijo que jugara,

metí un dedo en el café y te manché la cara,

tu reacción se quedará siempre ahí grabada.

 

Para mi inesperada sorpresa te reíste, 

no sin antes hacer de mi cara un retrato,

nos marchamos de aquel mítico lugar,

al que mi memoria tendrá en un sitio grato.

 

Lo que ocurrió en adelante ya es historia,

la más bonita de mi vida,

por suerte sigue viva y coleando,

pues te tengo apoyada aquí a mi lado.

 

daniel-monteiro-793740-unsplash.jpg

 

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