La Guerrera Legendaria

Se encontraban dos luchadoras en un coliseo, una de ellas era muy corpulenta y tenía un rostro que demostraba confianza y un cierto tono de burla hacia su oponente, mientras que su rival era delgada, con mirada concentrada, cara más bien pálida, y en lugar de melena tenía la cabeza totalmente desprovista de pelo.

La luchadora más corpulenta tenía en su poder una espada enorme, casi del mismo tamaño que su contrincante, mientras que la guerrera más delgada tenía dos espadas finas y afiladas.

+Sabes que no puedes ganar, ¿verdad?. Estás más muerta que viva.

-Eso está por ver.

Ninguna atacaba a la otra, parecía que se retaban más con la mirada que de forma física.

+No entiendo a qué esperas para atacarme, es a ti a quien se le acaba el tiempo.

La mujer de gran figura se burlaba de la otra, que aguantaba estoicamente sus ataques verbales.

-Sólo quería quedarme con tu rostro grabado antes de desfigurarlo.

Y se lanzó como una leona a por su presa, pero su rival se movió con una agilidad casi imposible de creer para el tamaño que tenía y no sólo la esquivó con facilidad sino que además acertó a darle un fortísimo puñetazo en el cuello.

La chica de cabeza rapada cayó al suelo.

+Si eso es lo mejor que sabes hacer entonces no tienes ninguna oportunidad de ganarme, esperaba más de ti.

Mientras decía estas palabras con gran superioridad, se distanciaba unos metros de la chica.

-No puedo rendirme ahora, no después de todo el esfuerzo que he hecho para estar aquí…

Unas lágrimas empezaban a brotar de sus ojos, lágrimas de impotencia y desesperación, ¿qué podría hacer ante un monstruo de ese tamaño?

Fue entonces cuando del público emergieron unas voces:

-¡Vamos, levántate!

-Sí, ¡eso es!

-¡Sigue luchando!

La gigantesca guerrera se dio cuenta de esto y empezó a dirigirse con sarcasmo y soberbia a la grada.

+¿Pero qué tonterías estáis diciendo?, ¿es que no habéis visto el aspecto tan terrible que tiene?, ¿de verdad creéis que una persona en ese estado tiene el poder de vencer a alguien?

Esta contestación le produjo a la chica un dolor más agudo que el puñetazo que le había propinado antes.

-Claro que sí.

Se escuchó la voz de un muchacho desde la grada y todo el mundo le prestó atención.

-Mi hermana es la mejor guerrera que conozco, de hecho es la más fuerte de todo el mundo, y tú no eres nada.

Cuando la chica oyó a su hermano algo cambió en su interior, sentía como su cuerpo se revitalizaba de energía. Rápidamente secó las lágrimas de su rostro encendido por la cólera y dirigió la vista hacia su enemiga.

Se levantó y esta vez atacó con aún más fuerza que antes, la titánica rival defendió su ataque pero eso no le importó, la pálida guerrera volvió a atacar de igual forma mientras la otra se defendía. La que hasta hace unos minutos parecía que ya había dado todo lo que podía ahora tenía una fuerza muy superior a la de antes.

Ante esta serie de ataques y al igual que el agua erosiona a la roca, la constante abrasión de la luchadora “a priori” más débil hacia la otra guerrera consiguió que la de enorme tamaño cediera por un momento, el cual aprovechó la más delgada para golpearla y derribarla.

Ya de rodillas, sin espada y sin la posibilidad de defenderse debido a que tenía las espadas de la otra guerrera apuntando directamente a su cuello, la enorme mujer empezaba a asumir su derrota.

-Lo siento “amiga”, pero cometiste un grave error al querer enfrentarte a mí hasta el final.

+Puede que me mates, pero eso no significará que no pueda volver, y si lo hago será con más fuerza que ahora.

-Si lo haces te estaré esperando con más ganas que nunca, adiós.

Se hizo el silencio en el coliseo, la enorme guerrera, cuyo tamaño era realmente increíble, había caído derrotada por una muchacha que apenas se podía mantener en pie.

La malherida luchadora observó como su hermano bajaba desde la grada hasta la arena, donde corrió a abrazarse con ella.

+¡Has estado increíble hermanita!

-Gracias pequeñajo, pero de no ser por ti me habría hundido, me has ayudado mucho.

+No seas tan modesta, le has demostrado lo que eres, que no hay imposibles para ti.

-La verdad es que tengo una sensación brutal en este momento, me siento capaz de mover rocas.

+Ahora ya eres libre de nuevo.

-Sí, aunque ha amenazado con volver de algún modo y eso me preocupa.

+Bueno, pues si vuelve aquí le esperaremos de nuevo, juntos.

-Te quiero, pequeñín.

Y los dos se fueron alejando por el túnel de aquel coliseo, un coliseo que esperaban no tener que volver a pisar nunca más, ni que nadie tuviera que hacerlo.

 

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