Capítulo 21

Esta es una nueva sección que empiezo, no sé muy bien como irá pero quiero probarlo.

Todos sabemos que cualquier historia que se precie tiene un principio, una trama y un desenlace. Eso está claro, pero ¿y si nos transportaran a un momento en concreto de la historia y nos dejaran allí sin saber nada más?.

Eso es lo que voy a probar a hacer. Creo que no se ha hecho hasta ahora( e igual es por algo…) y por probar no se pierde nada.

Aquí va la primera historia, que la dividiré en capítulos por el momento, este es el capítulo 21.

Capítulo 21

En la habitación de una vieja y abandonada casa de las afueras de una ciudad se encontraban tres hombres y tres mujeres. Dos de ellas estaban de pie junto a una chimenea apagada y mostraban un rostro serio, miraban con recelo a la otra chica que estaba sentada junto a un muchacho que parecía lamentarse en silencio. Junto a la puerta de un balcón miraba a la calle un chico de pelo oscuro y mirada obstinada, que parecía el líder del grupo pues había una especie de aura alrededor suya, detrás de él como esperando a su reacción estaba el tercer muchacho.

El chico de pelo oscuro se giró hacia el resto del grupo y dijo:

+ Explicadme de nuevo lo que ha ocurrido, pero esta vez sin llorar. 

El tono con el que lo dijo era muy cortante.

El chico que estaba sentado junto a la chica rubia respiró profundamente y empezó a hablar.

– Ya te lo he dicho Roma, vino él sólo, no pudimos hacer nada, tendrías que haber visto el poder que tenía, no pudimos movernos.

Kirk esperó que con esa respuesta su compañero le consolara o calmara, pero nada más lejos.

R: O que más bien no quisisteis moveros.

Ante esta respuesta el otro chico, Fiedrich, que consideró un ataque, le espetó lo siguiente:

F: ¿Cómo dices?, ¿crees que le íbamos a dejar que se la llevara así como así?, no te voy a dejar que insinúes que…

Pero fue cortado en seco por Roma.

R: Cállate, ni me permites ni me dejas de permitir nada, habéis dejado que se la lleve y no veo que tengáis ni un rasguño.

Mathilde, que era la chica rubia que estaba junto a Kirk, no pudo aguantar más y explotó.

M: ¿Y qué querías que hiciéramos?, ¿tendríamos que estar muertos para demostrarte así que intentamos defenderla?

La forma en que lo dijo provocó que las dos muchachas que estaban de pie, las dos hermanas y de aspecto físico similar, de nombres Natalie y Emma, le contestasen casi al unísono.

N y E: ¡Pues sí!, ¡antes morir que dejar que rapten a una amiga!

Esta respuesta podría haber caldeado el ambiente pero sin pretenderlo provocó un silencio en la habitación, y entonces Roma comprendió lo que ocurría.

R: Está bien, no es momento para seguir lamentándose.

Acto seguido se puso una chaqueta negra, enlazó dos espadas a su espalda, las apretó bien y se colocó en la cintura tres cuchillos de gris empuñadura, cuando se hubo equipado dio un sorbo a una botella de whisky que había encima de una mesa.

Emma parecía saber lo que pasaba por la cabeza de Roma, pues no le quitaba ojo de encima, y no pudo contener el habla.

E: ¿Dónde vas?, ¿No estarás pensando en…?, ¡voy contigo!

Su hermana Natalie no iba a ser menos.

N: Yo también, nos necesitarás, y no nos quedaremos aquí por mucho que te niegues a que vayamos…

Antes de que acabara la frase Roma la interrumpió, y les dijo que aceptaba a que fueran con él siempre y cuando acataran cada orden que les diese sin desobedecer.

Ambas hermanas se miraron entre ellas y finalmente asintieron, y mientras ellas se preparaban para el viaje que iban a emprender, tanto Kirk como Mathilde y como Fiedrich se resignaron y no pudieron evitar reprocharle a Roma su actitud hacia ellos, así que arremetieron contra él.

K: ¿Qué pasa?, ¿os vais y nos dejáis de lado?. Te hemos dicho lo que ha pasado, ¿acaso crees que de verdad íbamos a permitir que…

Y Roma volvió a cortarle el habla.

R: Tranquilo, creo que lo que me has dicho es verdad, y no es momento de dividirnos aún más, pero necesito que os quedéis aquí los tres y que preparéis todo para irnos en cuanto hayamos vuelto, ¿de acuerdo?.

Los tres amigos parecieron estar de acuerdo con Roma.

Cuando se hubieron preparado las dos hermanas se encaminaron junto a Roma hacia la calle, y con las cabezas tapadas por las capuchas de sus chaquetas se perdieron en la noche.

 

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